Leyendas de Mi Pueblo


Carta desde el Infierno I
12 abril, 2010, 3:37 pm
Filed under: Leyenda | Etiquetas: , , , ,

Las noches se me hacen tristes, cuando no te tengo en mi mente, cada vez te siento cerca, pero nunca me atrevo a decírtelo, amada mía que estas siempre conmigo hoy me noto más con vida cuando te miro a mi lado. Tenía que llegar ese día en que estuviéramos juntos.

Movimente/Flickr/CC

Hasta ese momento en que cogí el destornillador y me acerque a tu espalda cálida y sensual, te penetre y caíste en mis brazos, desde ese día te tengo a mi lado, aunque estés fría dentro del congelador pero, ahora miro tu rostro pálido y me apetece besarte, para mirar tus lindas manos tengo que abrir la parte de abajo de mi refrigerador, ese refrigerador que me regalo mi madre, ese refrigerador que ha compartido tu cuerpo y el de Karen, también el de Azucena, y el de Evelyn, pero el tuyo es especial porque lo guarde entero, casi entero, si no hubiese sido por la pierna que cayó al río.

Estaba allí frente a la ventana de mi casa que queda junto al río, tenía que ir al pueblo a comprar alimento, pero tenía miedo de dejarte sola, así que te saque de ese cajón blanco y frío y te puse en la parte trasera de mi troca, bajamos hacia Whiteville – así se llama mi pueblo – primero pase por la cantina bebiéndome un par de copas, porque hacía frío, luego hice las comprar y volví a montar mi troca esta vez con dirección a mi pequeña casa.

El camino era largo, así que me demoré en llegar, eran aproximadamente las 11 de la noche cuando llegue, desde lejos vi una luz encendida en la terraza de mi humilde morada, pensé que era Matilde quien me visitaba, Matilde fue mi primer amor, que termino dentro de una bolsa plástica color negro y flotando en el río de Whiteville, conforme me acercaba me di cuenta que no era Matilde sino, que eras tú, pero como podía ser posible si tu venias conmigo.

Revise la parte de atrás de mi troca y no estabas, te habías ido a casa sin mí, mi reloj marcaban las 11 con 45 minutos, entre y allí estabas junto al refrigerador, me quedaste viendo con tus ojos color verde, hermosos por cierto, pero no me dijiste nada, solo te levantases y agarraste mi navaja que guardaba en la lacena, me fije en mi reloj suizo y el tiempo iba volando al estar contigo porque marcaba las 12 con 30 minutos, te acercaste a mí y me dijiste que donde tú estabas, allí íbamos a estar mejor los dos, así que me clavaste la navaja en el pecho y caí al suelo.

Lisy/Flickr/CC

Abrí mis ojos y vi mi reloj, eran las 3 de la madrugada, pero ya no estaba en mi casa de Whiteville, sino que era un lugar oscuro, con olor extraño y mucha gente, observe a mi alrededor y vi a Karen, a Azucena y a Evelyn, y tu también estabas allí y me dijiste aquí descansaremos en paz.

Escrito por Néstor A Arce A.


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